La epidemia de opioides: ‘Es el problema de todos los cristianos’

Por   •   April 15, 2019

Este es el primer artículo en una serie especial que presentaremos en las próximas semanas sobre la epidemia de opioides que EE.UU. enfrenta. La adicción a opioides es abrumadora para la nación, y el número de sobredosis fatales ha excedido la pérdida de vidas por armas o el cáncer de mama. Una iglesia en Carolina del Norte llama a la adicción por nombre todos los domingos, e incluso utilizó una parte de sus servicios de Pascua para abordar específicamente esta crisis.

“Así que, si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres.”
—Juan 8:36

“Tiene 10 minutos”, le dijo Derek Jenkins al pastor cuando entró a la pequeña iglesia en el este de Carolina del Norte.

Mmm. ¿Diez minutos para qué?

El pastor Donnie Griggs recuerda claramente que Jenkins estaba nervioso ese domingo en la mañana. Era uno de esos que “habla sin pelos en la lengua”, pero Griggs sabía que tomaría más de 10 minutos convencerlo de cualquier cosa, especialmente de que Dios lo amaba y tenía un plan para su vida.

El pastor rápidamente se dio cuenta de que Jenkins no estaba siguiendo la pista y continuó con lo que apenas era el segundo servicio dominical en la iglesia recién fundada, One Harbor.

Jenkins estaba demasiado ocupado hablando por su teléfono, paseando nerviosamente por la sala de estar de Morehead City, donde una docena de personas trataban de escuchar el sermón de Griggs ese domingo por la mañana.

“Algo en mí simplemente decidió dejar las cosa como estaban”, recordó Griggs sobre ese primer encuentro con y la falta de atención de Jenkins. “No fue hasta semanas más tarde que me di cuenta de que iba en camino a tomar su propia vida.”

A diario, 115 personas mueren por una sobredosis de opioides. La crisis está aplastando a Estados Unidos pero una iglesia de Carolina del Norte se mantiene firme en la lucha. “Esta [epidemia] es nuestro problema”, dijo el pastor Donnie Griggs. “Es el problema de todos los cristianos”.

LSD, derretido de queso y un espiral descendente

Jenkins entró—miserable, agitado pero sobrio—a la iglesia reunida en esa casa.

“Honestamente y en verdad ya no podía más”, dijo Jenkins. “En realidad solamente he pensado en morir siempre que he estado sobrio. Cuando me drogaba estaba encantado de la vida”.

“Al principio, las drogas me ofrecían más que un escape. Era algo lucrativo. Producto de un hogar con problemas, en su adolescencia Jenkins recibió un boleto falsificado [para un espectáculo] de Grateful Deady se fue en aventones al concierto”.

“Rápidamente descubrí que podía ganar dinero vendiendo LSD y derretidos de queso”, dijo.

Su modelo de negocios fue el mismo durante años hasta que el cantante y guitarrista Jerry García murió en 1995. Jenkins decidió dejar eso atrás y ver qué le depararía el futuro. Regresó a su casa en la playa para buscar trabajo y probar su suerte con una familia.

Pero el matrimonio resultó difícil. Y ser padre no era fácil. En cambio usar drogas era fácil. Cuando descubrió la heroína, un opioide ilegal y muy adictivo, dijo que encontró un alivio distinto a todo lo que antes había conocido. Consumía hasta 20 bolsas por día cuando fue arrestado hace poco más de una década.

Cómo tu iglesia puede unirse a la lucha contra los opioides:

Todos los días, más de 115 personas en todo el país mueren por sobredosis de opioides, lo cual incluye a los analgésicos recetados como la oxicodona o drogas ilegales de calle como el fentanilo y la heroína. El pastor de la iglesia del Norte de Carolina, Donnie Griggs, participa activamente en la lucha contra los opioides y sugiere el siguiente plan de acción:

  • InvestigarConocer la terminología de los opioides y las estadísticas del consumo en tu área. Aprender sobre los recursos disponibles en el área. Conocer a los socorristas locales y escuchar sus historias.
  • Orar: La oración intencional y sincera es crucial. Orar por todos los involucrados: los que usan, los primeros en responder, las familias, etc.
  • Apoyar: Ayudar a las iniciativas locales que han tenido éxito, ya sean basadas en la fe cristiana o no. No se debe crear una versión que compita. “Esta pelea es demasiado grande como para desperdiciar balas”, dijo Griggs.
  • Dirigir: Cuando Dios le muestre a tu iglesia las necesidades que faltan en tu comunidad, llena ese vacío. Tal vez eso signifique ayudar a las personas con la carga financiera por servicios de rehabilitación o hacerse cargo de los arreglos florales para las funerarias cuando una familia pierde a un ser querido por una sobredosis.
  • Conclusión: “Este es nuestro problema”, dijo Griggs. “Es el problema de todos los cristianos. ¿Quién más les va a dar el evangelio? ¿Quién más los va a amar como Jesús los ama si no nosotros?”

Una rehabilitación en la cárcel de 90 días no fue la respuesta; recayó solo 10 horas después de haber sido puesto en libertad y pronto volvió a la cárcel. Allí, tomó un libro que hablaba sobre el poder sanador de Dios. Jenkins se burló y prácticamente desafió a Dios desde su celda, diciendo: “Dios, si en verdad eres real, sáname”.

Jenkins no podía explicarlo, pero algo cambió. Su resolución era única. Ya no sentía ansiedad por las agujas. Incluso llamó a su papá, le dijo dónde estaban escondidas sus drogas para que las destruyera. Se sintió curado, y tal vez un poco victorioso, al principio.

“Estar sobrio y limpio fue divertido, por un tiempo”, dijo Jenkins. “Dios me sanó de eso pero no le estaba sirviendo. Fue justo cuando llegué al final. Ese día fue como si Él intervino”.

Un concierto, una sala de estar y una nueva vida

Jenkins sintió que su final estaba cerca. La sobriedad había sido una decepción total. Durante dos años había luchado por encontrar un poco de alegría o algún propósito, así que decidió dirigirse a Wilmington, Carolina del Norte, y buscar una inyección de heroína. Se dio cuenta de que inyectar el poderoso opiáceo probablemente lo mataría porque su cuerpo ya libre de drogas no podía tolerarlo.
Estaba bien con eso.

Se despertó temprano ese domingo por la mañana y comenzó a conducir en la carretera 24 de Carolina del Norte hacia Wilmington. Él conocía bien esta carretera, ya que solía ir a mendigar por la ciudad portuaria y volver de regreso solo para obtener su dosis diaria de heroína. Pero su destino final se vio empañado por una invitación.

La noche anterior, él había llevado a sus hijos a un concierto cristiano, donde algunos conocidos lo invitaron a la nueva iglesia. “Deberías ir con nosotros”, le urgieron. “Ven tal como eres”.

Jenkins aceptó la invitación pero no tenía ninguna intención de ir. Al fin y al cabo, él tenía un plan que ejecutar.

Pero la ruta NC-24 está justamente cerca de la iglesia. Tal vez él podría simplemente pasar y ver lo que hacían.

Cuando llegó al vecindario, dijo que sus conocidos lo vieron. Ellos le recibieron con los brazos abiertos.

“Le dijimos: ‘Oye hombre, ¿qué tal? Genial. Viniste’”. Se podría decir que no estaba cómodo, pero nosotros tampoco. No sabíamos lo que estábamos haciendo”, dijo Matt Barts, propietario de la casa donde comenzó la iglesia.

Todo fue muy agobiante para Jenkins. Él había estado en muchas salas de estar tocando una guitarra, pero nunca sin cerveza. Y fue extraño cuando todos, excepto el pastor Griggs, se sentaron. Ellos pensaban que él no estaba escuchando, pero Jenkins recuerda la predicación de Griggs de Colosenses sobre la preeminencia de Dios.

“Creo que la predicación me tocó pero más que nada, las personas parecían amarte con sinceridad”, dijo Jenkins. “Compadre, no podía creerlo”.

“La clave es la mezcla de la verdad con el amor y la centralidad de Jesús. Creo que fue porque nunca me sobrecargaron. Yo llegaba a casa y no podía cree que yo les había caído en gracia con estos tipos. No es posible que me quieran como a un hermano”.

Pero sus acciones demostraban lo contrario. Estos hombres no se daban por vencidos. Le extendieron una simple invitación: “Oye, ¿por qué no vienes a nuestra iglesia?” Luego, le dieron seguimiento con  llamadas y mensajes de texto. Cuando no se presentó a la iglesia un domingo, ellos fueron directamente a su casa 30 minutos después del servicio para ver cómo estaba.

La autenticidad traspasó su corazón.

Terminaron por ser parte de en su comunidad, y todavía lo son. Cuando tuvo una intervención quirúrgica a principios de este año, establecieron la mutua rendición de cuenta con relación a los medicamentos para el dolor e incluso lo apoyaron cuando dejó de usar las tiras de suboxona, una pequeña banda consumida oralmente para ayudar a eliminar la dependencia de los opioides. Ha estado completamente limpio desde entonces.

Jenkins también persistió hasta el final. Renunciar a su antigua vida representaba la renuncia a sus viejos amigos, Jenkins dijo con tristeza, “para ser sincero, muchos de ellos han fallecido”.

En el 2018, Jenkins no solo está sobrio. Es una nueva persona que se despierta cada mañana dando gracias a Dios, pensando “Wow. Esta es mi vida”. Él maneja su propio negocio. Dirige un estudio bíblico con su esposa. Y no puede dejar de hablar de Jesús.

“Es genial ver lo que Dios ha hecho en su vida”, dijo Barts. “Le dio un propósito en la vida y ahora él puede contar su historia. Y es una historia tan poderosa. Es increíble”.

Billy Graham, tatuajes y sanidad

Jenkins sonríe cuando dice que Dios está entretejiendo en su historia, y le encanta compartir su historia. Pero nunca podría haber anticipado compartir su testimonio con cientos de personas a la vez, que es exactamente lo que hizo durante los servicios de Semana Santa en One Harbor, la iglesia que comenzó en una sala de estar y que ahora tiene un promedio de 1,600 personas por semana en cuatro distintos lugares. La parte de venir como eres se ha mantenido intacta. La multitud de Pascua anda vestida de todo tipo, desde gorras de baseball y chanclas, hasta camisas y pantalones ajustados. Se percibe una dosis saludable de tatuajes y vello facial por todas partes.

El pastor Griggs, nacido y criado en la comunidad playera de Carolina del Norte en Morehead City, tiene una barba larga, y su camisa de manga corta ni siquiera cubre todos sus tatuajes. La multitud se echó a reír cuando les aseguró a todos que andaba bien vestido. Hizo que todos sonrieran de nuevo cuando presentó a Jenkins. “No te acerques a este hombre en la ferretería local”, insistió Griggs, “si no quieres escuchar de Jesús”.

“Jenkins es como el Billy Graham de Lowe’s”, sonrió Griggs. “Si ves a este tipo en Lowe’s y no quieres ser cristiano, deberías huir. Te acorralará por donde están el enmasillado y los clavos. Él te pondrá en orden”.

“Tengo fe en que Dios puede sanar en un instante”, dijo Jenkins. “Solo oro por sanidad, y oro para que Dios ablande el corazón de la gente y abra los ojos de la gente y salve a la gente”.

Pero el intercambio de preguntas y respuestas en el escenario entre Griggs y Jenkins cambió a un tono serio cuando Griggs reflexionó sobre el hecho de que Jenkins había planeado terminar con su propia vida. Griggs preguntó si Jenkins tenía algún consejo para alguien que estuviera escuchando que podría estar luchando con alguna adicción o incluso con la sobriedad.

Inicialmente Jenkins respondió felicitando a cualquiera que estuviera luchando por revindicar su vida. “Cuando llegas al final de ti mismo”, dijo, “es cuando Dios puede hacer algo”.

“Tienes que perseverar y fijar tus ojos en Jesús y no mirar hacia otro lado”, dijo Jenkins. “Y confía en que Él es quien dice ser. Y, de nuevo, los muchachos a mi alrededor solo me llevaron a Jesús una y otra vez”.

Sentada en la congregación de One Harbour, Jeanette apenas podía contenerse. Las drogas habían destrozado la vida de esta madre de dos. Ella lo había perdido todo y enfrentaba la posibilidad de más tiempo en prisión por cargos relacionados a las drogas. La verdadera razón por la que estuvo allí el domingo de Pascua fue porque su amiga Rachel la invitó. Jeannette dijo que sintió la paz de Cristo durante una previa sentencia de prisión. Ella quería volver a sentir esa paz.

Cuando Jenkins compartió su historia, no pudo evitar que las lágrimas se derramaran por su rostro. Rachel la abrazó.

Al finalizar el servicio, Jeannette se apresuró a llegar al frente para hablar con Jenkins y Griggs, cuyo propio hermano está cumpliendo una sentencia tras décadas de uso de heroína. Ella oró con ellos y  le volvió a dedicar su vida a Jesucristo.

“La fe ciega es algo muy difícil de entender”, dijo. “Pero en mi situación, siento en mi corazón que es precisamente lo necesito”.

Jeannette no fue la única impactada. Más de 2,000 personas asistieron a los servicios de adoración ese domingo en One Harbour y sus campus satélites, y solo en el campus principal de Morehead City, muchas personas pasaron al frente después de cada uno de los tres servicios. Algunos querían oración por la familia, otros querían ayuda para ellos mismos. Otros que no estaban listos para pasar al frente expresaron su necesidad a través de tarjetas de contacto ofrecidas por la iglesia. Un hombre, que por casualidad estuvo visitando desde tres horas al oeste, dijo que tenía una gran lucha.  Jenkins le pasó su número a ese joven por mensaje de texto. “Ahora soy parte de tu equipo”, le dijo Jenkins.

“Tenemos gente de todo el espectro este salón. Gente que nunca usó, gente que se drogó hoy en la mañana. La gente que, como parte de su trabajo, ayudan [a quienes se dan una sobredosis]”, aseguró Griggs. “Desde los de 14 años hasta abuelas. Las comunidades están siendo devastadas por esto, y creo que a la iglesia tiene que hacer algo.

“Este es problema nuestro. Es el problema de cada cristiano. ¿Quién más les va a dar el evangelio? ¿Quién más los va a amar como Jesús los ama si no nosotros?”

Este artículo fue traducido por Martha Barnes.