‘Ella le pertenece a Jesús’: La lucha por los seres queridos arrastrados por la adicción a opiáceos

Por   •   July 10, 2019

Desde hace tiempo, los opioides recetados se han considerado como contribuyentes a la actual epidemia de opioides que invade América. En el 2016, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estimaron que más del 40 por ciento de las sobredosis de opioides fatales involucraron algún opioide recetado, con más de 46 muertos al día. Los medicamentos recetados, ya sean obtenidos legal o ilegalmente, pueden llevar a la gente a buscar y probar opciones ilegales como la heroína tras el vencimiento de sus recetas médicas. Esa fue la historia de Brooke quien comparte, en el segundo artículo de la serie de especial sobre la crisis de los opioides en Estados Unidos, su experiencia. Lee la primera parte, La epidemia de opiáceos “Es problema de todos los cristianos”.

“El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”.
—Juan 10:10, NVI

Impotente. Sola.

Sentimientos que tanto Brooke como su madre tuvieron en común durante el apogeo de su adicción a la heroína.

Brooke, una estudiante sobresaliente nacida en una familia adinerada de la iglesia, se odiaba a sí misma por haber perdido el control de su vida. Su madre, una psicóloga prominente con 30 años de experiencia, se culpaba a sí misma.

Ambas fueron sorprendidas. Brooke creció cantando en la iglesia junto a su madre. Ella recuerda haber aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvadora los 6 años de edad. Mientras tanto, su madre veló por el bienestar de sus hijas.

Pero hasta el mayor esfuerzo por criar a los hijos según los principios establecidos por Dios enfrenta a las realidades de la vida cotidiana. Brooke comenzó a tomar Xanax para la ansiedad tras cierta etapa difícil durante su adolescencia. En la universidad ella se aplicó académicamente y al mismo tiempo y con la misma intensidad, se dedicó a salir de fiesta y a tomar. Fue hospitalizada 18 veces por razones que a su madre le parecieron legítimas; neumonía, bronquitis y problemas renales.

Pero todo cambió después de que Brooke tuvo complicaciones al dar a luz a su hija a los 22 años. Ella dijo que el médico le recetó a Dilaudid, un hidromorfona tan potente que la Biblioteca Nacional de Medicina Estadounidense advierte que la forma líquida no debe tener contacto con la piel ni la ropa. El sitio [web] también sugiere que algunos pacientes deberán pasar por un proceso de desintoxicación tras el uso de opioide altamente adictivo.

“Ese fue el comienzo de mi adicción a los opiáceos”, dijo Brooke. “Me recetaron [medicamentos] en exceso. Todo tipo de pastillas para el dolor por cosas que no eran muy serias”.

Las pastillas adicionales para el dolor eran fácil de encontrar en su trabajo como profesional de salud. De vez en cuando, le robaba los medicamentos a sus pacientes. Pero sin darse cuenta estaba tomando 300 miligramos de opioides al día (generalmente 10 pastillas de 30 mg de Roxicodona). Los nervios alterados por el abuso de opioides se alteraban cada vez que se le pasaba el efecto de la dosis anterior.

“Tomaba todo tipo de recetas pero un día ya no pude obtenerlas. Alguien me dijo que la heroína era exactamente lo mismo que una pastilla para el dolor, así que dije ‘está bien’. En ese momento me volví adicta. No podría pasar un día sin consumir por lo mal que me sentía.”

Piensa en la peor gripe que jamás hayas tenido y multiplícala por 100. Eso es solo una pequeña muestra del malestar de desintoxicación de los opioides, por lo que la heroína – un opioide ilegal – parece ser la forma más fácil de prevenir el malestar. Al principio ella inhalaba y logro mantener cierto nivel de normalidad alrededor de sus familiares y amigos.

Límites familiares

Como muchas familias saben, el dolor de la adicción no se limita a la persona adicta. Cindy Marshall, directora ejecutiva de ‘La Casa del Alfarero’ en Gastonia, un centro de rehabilitación cristiano en Carolina del Norte, advierte a los padres sobre las tendencias que favorecen la adicción de sus hijos.

“La madre y el padre tienen que aprender a amar con mano firma y establecer límites para que puedan afrontar las consecuencias de sus decisiones”, dijo Cindy, cuyo centro ofrece una clase centrada en la dinámica familiar llamada ‘Límites’. “Cuando no tienen un hogar a donde regresar o alguien a quien puedan llamar para sacarlos de la cárcel, eso le sirve da ayuda.”

Puede que no parezca lo correcto pero Cindy asegura que generalmente es la única forma de llamar su atención. Cindy, una ex drogadicta, acaba de celebrar su 28º año de sobriedad en febrero.

“No te importa todo lo que estés pasando por eso”, dijo. “Lo odias y te avergüenzas de ello. Pero eso no es suficiente para parar. Tuve que terminar en la cárcel.”

“Aparentemente lo escondí muy bien pero cuando comencé a usar la aguja perdí el control de mi vida”, dijo Brooke.

Una dosis intravenosa de heroína golpea rápidamente el torrente sanguíneo del usuario, brindando alivio instantáneo a todos esos nervios inflamados. Pero esa pequeña aguja también produjo una dosis de destrucción aparentemente interminable. Brooke perdió su trabajo, su familia, y a su hija. Su familia organizó una intervención y ella accedió a ser rehabilitada en diciembre del 2013.

“Fue tan irreal, como una experiencia extracorporal”, recordó Brooke, y recuerda que pesaba solo 98 libras. Su hígado estaba tan cargado que su piel se había vuelto color gris, verde ceniciento. “Pero en ese entonces estaba en un nivel muy profundo de negación”.

Su sentimiento de derecho no le sirvió de nada durante la rehabilitación. Fue expulsada después de solo 10 días. Su madre se abalanzó, la buscó y la llevó al siguiente centro. Lo mismo sucedió nueve veces más – con una suma de más de $ 100,000 – hasta que finalmente su madre se dio cuenta de que no podía arreglar la situación.

‘Lo más difícil que he hecho como madre’

Durante las luchas de Brooke, su mamá, Robin, asistió a reuniones de ayuda en otra ciudad porque estaba demasiado avergonzada para asistir a una en su área. Comenzó a ver las cosas que necesitaba arreglar en su propia vida; por ejemplo, aprender a imponer límites o reprimir su deseo de arreglarlo todo. Pero ella nunca dejó de orar por su hija mayor.

El momento más difícil ocurrió tras el último intento fracaso de rehabilitación. Brooke no quería volver y Robin no podía obligarla. Robin y el padre de Brooke, quienes a menudo estaban en desacuerdo sobre cómo manejar la situación, se pusieron de acuerdo en que Brooke no podía regresar a ninguna de sus casas.

“Tenía que llegar a ese punto, y me dolía el alma”, dijo Robin. “Tengo una foto de Jesús inclinado sobre un peñasco alcanzando a una de las 99. Tantas veces oré y lloré con esa imagen en la mente, pidiéndole a Dios que ayudara a Brooke sabiendo que las drogas la tenían controlada. Esperaba esa llamada [que Brooke sufrió una sobredosis fatal]. Dios, sé que no debería decir eso pero siento que voy a recibir esa llamada, y si la recibo, sé que me vas a ayudar, pero no sé si ella va a sobrevivir otro día más.

“Y tener que cerrar la puerta con llave y decirle que no podía venir aquí, sin darle dinero. Ella no tenía dinero, ni comida, y se estaba matando. Tuve que dejarla y entregarla por completo en las manos de Dios para que ella pudiera mejorar. Eso ha sido lo más difícil que he hecho como madre.”

Oración por un ser querido:

La Palabra de Dios debe ser la base de tu lucha. Aquí tienes algunos versos, todos en este caso de la NVI, en los que Robin se apoyó durante la adicción a los opiáceos de su hija:

  • Jeremías 29:11 Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.
  • Filipenses 1:6 Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús.
  • Salmo 91:2 Yo le digo al Señor: “Tú eres mi refugio,mi fortaleza, el Dios en quien confío”.
  • 2 Timoteo 1:7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio.
  • Elije tener fe: “Yo como madre vivía en un estado de pánico terrible y tuve fe, solo por la gracia de Dios”, dijo Robin. “Sé que en esta lucha no puedo tener miedo y fe al mismo tiempo. Yo elegí tener fe”.

No obstante, Robin permaneció en la vida de Brooke durante este tiempo. No era raro que visitara a su hija en la habitación de un hotel con comida rápida y tarjetas para comprar comida, cosas que ella no usara para obtener más heroína.

“Me sentaba en la cama con ella en su hotel y le daba tarjetas de comida de Burger King donde podía ir caminando para conseguir comida, y luego me sentaba en mi auto y lloraba incontrolablemente por 30 minutos antes de dejarla, sabiendo que podría no volver a verla.”

‘Simplemente no quería despertar’

Brooke sabía en su corazón que quería limpiarse y también sabía que no podía hacerlo sola. Ella no sabía qué hacer. Se sentía que había decepcionado a todo el mundo. Volver a la iglesia no parecía una opción porque estaba demasiado avergonzada. Ella se había convertido en la persona que nunca pensó que llegaría hacer. Le robó a su familia. Tenía cargos [delictivos] después de una sobredosis en su casa. Usó incluso la heroína de su novio en la sala del hospital mientras él se recuperaba de una sobredosis casi fatal. Pero esta no era la vida que ella quería, sin embargo se sentía estancada.

“Conocía al Señor, y por eso mi adicción era tan horrible”, dijo Brooke. “Fue tan miserable porque sabía perfectamente que no estaba bien.

“[Mi mamá] me encomendó al Señor y creo que ya estaba como muerta ante los ojos de mi familia porque por años habían intentado en los mejores centros de rehabilitación, pero nada funcionó. Me propuse inyectarme una dosis fatal de heroína. Sabía cuánto estaba acostumbrada a consumir, y llené toda la aguja. Simplemente no quería despertar. Estaba tan miserable, me odiaba y me sentía basura.”

Despertó 24 horas después de que algunas personas la encontraron y le administraron tres dosis de nalaxona, un aerosol nasal conocido como NARCAN que puede revertir una sobredosis. Este medicamento suele ser administrado por los oficiales del orden público y el personal de emergencia, pero en el 2017, Walgreens y CVS recibieron luz verde para venderlos sin receta en algos 40 estados.

En el caso de Brooke, un vecino tenía la tercera dosis que le devolvió la vida.

“Conocía al Señor, y por eso mi adicción era tan horrible.”

“Recuerdo que cuando me desperté estaba en una gran oscuridad. Era como estar en un calabozo donde solo había opresión y depresión. Fue como una lucha espiritual allí mismo.”

La batalla no se limitó al área donde Brooke se encontraba. Esa misma mañana cuando fue revivida, su madre estaba en un culto de la iglesia cuando tuvo una visión de los demonios que estaban ahorcando a su hija. Robin dejó de cantar.

“Literalmente dije, ‘en el nombre de Jesús, quita tus manos de ella. No vas a matar a mi hija. Ella le pertenece a Jesús”, dijo Robin. “Lo dije varias veces. Lo dije enfáticamente pero no muy fuerte. No sé si alguien más me escuchó”.

‘Sin Jesús no lo puedes lograr’

Dos días después, Brooke llamó a su madre desde la cárcel. Su abuso de drogas la había llevado a la cárcel por sexta vez, y la desintoxicación sin atención médica, parecida a un terrible resfriado, fue aún más desagradable.

“Dios me libró de ir muchas veces a la cárcel pero esa era la única manera en que iba a escucharle y clamarle”, dijo Brooke. “Yo estaban tan miserable. Todo eso me dio tiempo para estar sobria y pensar en lo que estaba haciendo.

“Me comprometí en ese momento [después de escuchar la visión de su madre]: Dios, lo voy hacer a tu manera.”

Brooke sabía que una corta estadía en rehabilitación no era la respuesta, así que acudió a la Casa del Alfarero  en Gastonia, cerca de Charlotte, Carolina del Norte, del cual se enteró por otra reclusa. La directora del cliente, Danielle Crowley, graduada del centro de rehabilitación para mujeres, visitó a Brooke en la cárcel.

“Lo primero que me dijo fue: ‘Sabes que sin Jesús no lo puedes logar, ¿verdad?’”, dijo Brooke.

En ‘La Casa del Alfarero’, el enfoque está en Jesús. Las pacientes recién ingresadas ​​no pueden tener teléfonos celulares ni recibir visitas incluso su acceso a la televisión es limitado. La directora Cindy Marshall, quien celebró su vigésimo octavo año de recuperación el pasado mes de febrero, fundó la ‘La Casa de Alfarero’ en el 2003 para ministrar a las mujeres que intentan iniciar una nueva vida. Durante el último año, Marshall dijo que el centro de rehabilitación sin fines de lucro basada en la fe ha visto un aumento del 70 por ciento en solicitantes como Brooke que quieren estar libres de la adicción a los opioides.

En ‘La Casa del alfarero’ no se trata solo de mantenerse limpia; se trata de vivir una vida nueva en Jesús. Se trata de declarar las promesas de Dios todos los días y cumplirlas, pasar a diario tiempo en la Palabra de Dios.

“Si estás dispuesta a hacer una cuarta parte de lo que hubieras hecho para conseguir tus drogas, entonces lo lograrás.”

“Este es un estilo de vida”, dijo Danielle. “El objetivo no es estar sobria. El objetivo es cambiar tu vida, vivir una vida diferente. Es un estilo de vida completamente diferente. Si estás dispuesta a hacer a una cuarta parte de lo que hubieras hecho para conseguir tus drogas, entonces lo lograrás. Si solo haces el mismo esfuerzo y te rindes [ante Dios], lo lograrás.”

Una vida verdaderamente nueva

Brooke lleva un año en ‘La Casa del alfarero’. Ella ha conocido a Cristo, y aunque su yo de 6 años nunca se imaginó que las cosas fueran así, ahora tiene una pasión por ministrar a la gente – especialmente a las mujeres – que luchan contra la adicción. Durante la semana, Brooke y otras residentes de ‘La Casa del alfarero’ visitan un centro local de rehabilitación en el Condado de Gaston, Carolina del Norte, para compartir sus testimonios y dar ánimo.

Mientras tanto, su madre está aprendiendo a compartir su lucha personal y es obvio que no está sola. Trágicamente, ella conoce a tres personas que, en los últimos dos años, han perdido a sus seres queridos por una sobredosis. Robin también ha compartido su historia desde el púlpito. Hace poco habló en una iglesia de Carolina del Norte.

“El estigma es admitir que tu hijo es adicto o alcohólico”, dijo Robin. “Sientes que eso refleja la forma en que lo criaste y que debiste haber hecho algo malo porque todos los otros chicos que están allí les va bien. Por eso es tan difícil hablar de eso. Tampoco quiero traicionar la confianza de Brooke y contar cosas que ella no quiere que se mencionen. Satanás usa ese sentimiento de vergüenza y deshonra.”

Durante su abuso de opioides, Brooke no soportaba la vergüenza y se mantenía lejos de las personas que más querían ayudarla. Pero ahora, hay un resplandor que parece fluir de Brooke cuando habla de su nueva vida. Sentada en ‘La Casa del alfarero’ el pasado mes de febrero con una sudadera con capucha de Carolina del Norte, no pudo evitar reiterar lo agradecida que está por estar allí, una nueva creación, libre de su adicción a la heroína.

“Jesús es el único que es más grande que la adicción”, aseguró Brooke. “Ahora no me imagino vivir de ninguna otra manera”.

Este artículo fue traducido por Martha Barnes.

Encuentra hoy libertad en Jesucristo.