Los recién nacidos y las madres que afrontan la crisis de opioides

Por   •   August 21, 2019

Un informe publicado el 2 de agosto por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades señala que el número de mujeres embarazadas afectadas por el uso de opioides a la hora del parto se cuadruplicó entre el 1999 y el 2014.

Las consecuencias de la epidemia de opioides afectan a todos los segmentos de la población estadounidense incluso a sus nuevos y más pequeños miembros. Los recién nacidos afectados por los opioides padecen del llamado síndrome de abstinencia neonatal (SAN), que penosamente prevalece en Virginia Occidental y se cree que está en aumento en todo el país. Lily’s Place, una organización sin fines de lucro fundada por tres mujeres, abrió sus puertas en Huntington en el 2014 y desde entonces ha ingresado a más de 200 bebés.

El bebé, que no tiene más de un año, mira atentamente con lentes de montura oscura y desmedidamente grande en la imagen en blanco y negro que cuelga en la oficina de Rhonda Edmunds en Lily’s Place.

El bebé fija la vista en algo que no podemos ver. Pero en Lily’s Place, el primer Centro de Abstinencia Neonatal de Estados Unidos, la directora de enfermería es muy clara sobre su enfoque. Ella escribió cuidadosamente en la esquina inferior derecha el siguiente recordatorio:

“Fijemos la vista en Jesús.”

La fe en Dios es la zona cero de esta organización sin fines de lucro en Virginia Occidental que desde el 2014 comenzó a albergar a recién nacidos expuestos a las drogas. Ese fue el año tras un aumento estatal del 25 por ciento en la cantidad de bebés nacidos con síndrome de abstinencia neonatal (SAN), es decir, que fueron expuestos en el útero a fármacos con opioides.

La crisis de opioides que – según los expertos – a diario reclama un promedio de 115 vidas, no ha ignorado a los miembros más pequeños de nuestra sociedad. La cantidad de recién nacidos expuestos a opioides aumentó en un 400 por ciento entre el 2000 y el 2012; es decir, hubo el nacimiento de un bebé afectado por NAS cada 25 minutos durante el 2012. Generalmente, los bebés afectados presentan síntomas entre las 24 a 48 horas del nacimiento.

Las estadísticas desalentadoras indican una creciente exposición a la población en general. En el 2016, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) reportaron que Virginia Occidental registró la mayor cifra de sobredosis fatales por el uso de opioides en todo el país (52 personas por cada 100,000).

¿Qué es SAN?

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades lo definen como un “síndrome de abstinencia de medicamentos postnatal que se presenta principalmente entre los bebés expuestos a opioides poco después del nacimiento”. Los síntomas pueden variar pero generalmente incluyen irritabilidad del sistema nervioso central (lloran inconsolablemente y, a veces, tiemblan sin control); dificultad para sujetar el chupete y malestar estomacal con náuseas.

El proceso de desintoxicación es doloroso y costoso. Los CDC reportan que el nacimiento sin complicaciones de un bebé en el 2012 requirió un promedio de 2.1 días en el hospital, con un costo de aproximadamente $3,500. Un recién nacido expuesto a las drogas requirió un promedio de 16.9 días de hospitalización, y un costo de $66,700.

Caitlin, una madre primeriza del condado Putnam, estuvo a punto de convertirse en una estadística. Ella no recuerda exactamente cuántas veces sufrió una sobredosis, quizás dos o tres, pero hay dos cosas que puede recordar con absoluta claridad.

Dios la salvó. Y ahora la vida tiene mayor sentido.

“Esta no es la vida que quiero vivir”

Ese cambio en Caitlin no ocurrió repentinamente al enterarse que estaba embarazada, a pesar de haber comenzado a asistir a la iglesia todos los domingos. A principios de su embarazo, usaba metanfetamina y heroína irregularmente; hasta que encontró al padre de su bebé inconsciente por una sobredosis. Ella le practicó RCP hasta que las autoridades llegaron para revivirlo con naloxona, un aerosol nasal que puede revertir una sobredosis de opioides.

Ella lo dejó. Y se limpió. Mucha gente en su posición se hubiese internado en un centro de rehabilitación, pero Caitlin tomó la ruta no tradicional de asistir a la iglesia y aferrarse a su renovada fe en Jesucristo.

“Esta no es la vida que quiero vivir por mi hijo”, Caitlin recuerda haber dicho. “¿Qué hubiera pasado si ella hubiese tenido 2 o 3 años y encuentra a su padre muerto? Fue traumatizante.

“Me niego a hacerle pasar eso porque, en última instancia, soy la única que puede evitar que eso suceda.”

Lily’s Place lleva el nombre de un lirio especial, y también se refiriere a un pasaje en Lucas 12 que dice: “Fíjense cómo crecen los lirios”. Edmunds explica: “Dios cuida los lirios del campo. Si Él hace eso, también cuidará de nosotros”.  Una de las muchas formas en que Dios ha provisto para este centro es con el apoyo de la comunidad – desde lo más esencial para los bebés hasta el lugar en el que opera (el edificio en Huntington, Virginia Occidental, fue donado). Edmunds asegura: “De verdad que no sabemos qué haríamos sin [el apoyo de] la comunidad”.

La determinación de Caitlin está reforzada por el ejemplo de su propia madre. La abuela de Caitlin, Deborah, a quien le llama Mawmaw, fue quien crio a Caitlin y a sus hermanos después de que su madre hiciera de las drogas en su prioridad.

Con el tiempo, Caitlin pensó que tal vez las drogas era el medio para ganarse el corazón de su madre. La primera vez que probó metanfetamina y heroína fue en compañía de a su madre.

“Parece absurdo pero en realidad así es como me sentía”, dijo Caitlin. “Es como si de ahora en adelante puedo entenderla, y ella me puede entenderme a mí porque tenemos esto en común. Eso que estaba destruyendo nuestras vidas, pero al menos ahora tenemos algo en común. Solo quería ganarme su amor.”

La pequeña iglesia de Deborah – a la cual Caitlin asiste hoy en día – se esforzó para recaudar fondos y enviar a su nieta a un centro de rehabilitación en Florida cuando Caitlin quería limpiarse. Pero poco después de regresar a su pequeña ciudad en Virginia Occidental ella volvió a andar en malos pasos y perdió el control. Lo peor, dice ella, era drogarse sabiendo que estaba embarazada.

“Con esto no quiero decir que uno elige ser adicta a las drogas mientras está embarazada porque sí es una decisión, pero viene acompañado de mucho dolor”, dijo Caitlin. “Aunque sabía y pensaba, ‘Oye, probablemente no debería inyectarme esta aguja en mi brazo ahora que estoy embarazada’, aun así elegí hacerlo, sabiendo que estaba mal, y ahora que ella está aquí, tengo que ver su dolorosa trayectoria. Y pienso ¿por qué volvería a elegir eso?

“Sé que en el momento en que tome un medicamento, elijo ese medicamento en vez de a mi hija y me niego a volver a hacerlo.”

‘¿Cómo pudiste hacer esto?’

El nacimiento de Ellisyn, la hija de Caitlin, fue aterrador, dijo Deborah. Fue algo desgarrador ver a todos esos pequeños bebés pasar y sufrir por el proceso de desintoxicación en el Hospital Cabell Huntington. Deborah simplemente no podía entender cómo su nieta – en su adicción – pudo  ser tan egoísta.

“Al entrar y ver a Ellie por primera vez, pensé ‘¿cómo pudiste hacer eso? ¿Cómo?’” Dijo Deborah mientras mecía a la pequeña Ellie, adornada con un hermoso lazo. “Pero a medida que pasa el tiempo y vemos, y les he dicho en la iglesia: esta niña tiene muy pocos síntomas de todo esto, por la gracia de Dios.”

Ellie pasó dos semanas y media en la Unidad de terapia neonatal de Cabell (NTU, por sus siglas en inglés), que se estableció por la gran demanda por camas para bebés expuestos a los medicamentos. Camas especialmente dedicadas para pacientes de Cuidados Intensivos Neonatales (NICU) (nacimientos prematuros y aquellos que requieren cirugía). La NTU se ha duplicado en tamaño y ahora cuenta con 18 camas. Es allí donde los bebés que experimentan el dolor de la desintoxicación reciben medicamentos para ayudarlos con los síntomas.

Edmunds, la directora de enfermería en Lily’s Place, trabajó en la UCIN de Cabell por 27 años. Durante ese tiempo, notó el aumento en la admisión de bebés afectados por las drogas y comenzó a investigar sobre las técnicas que el personal podría usar para consolar a sus pequeños pacientes. El continuo aumento en los bebés afectados por las drogas finalmente llevó a Edmunds y a otras dos mujeres a sonar con un lugar como Lily’s Place. Querían un ambiente cálido y tierno donde los bebés pudieran ir después de salir del hospital para dejar de tomar sus medicamentos; un lugar donde las madres que desean recuperarse puedan recibir apoyo. Desde el 2014, el centro ha admitido a más de 200 bebés.

Pero el personal no solo se basa en las últimas investigaciones, avances científicos o incluso en los avances tecnológicos. A diario, los empleados del organismo sin fines de lucro se reúnen voluntariamente para orar. Hablan con Dios sobre cada paciente, sus familiares y también comparten cualquier preocupación o buenos acontecimientos. Ellie, quien pasó casi un mes allí, fue una de esas pacientes que recibió oración junto a su familia.

Edmunds, citando a Proverbios 3: 5-6, dice apoyarse constantemente en el Señor y no en su propio entendimiento, y al hacerlo, hace un esfuerzo consciente para orar por cada bebé durante su estadía en Lily´s Place.

“Sé que nuestro personal también ora por ellos, pero quiero que se ore al imponer manos sobre cada bebé”, dijo Edmunds. “En las mañanas oramos por ellos por nombre, pero quiero abrazarlos y orar por ellos porque no sé si alguien volverá a orar por ellos.”

Ella hace una pausa para conseguir la compostura.

“Quiero presentarlos ante el Padre por nombre. Creo que todos se lo merecen. Tienes que pensar que sin Él, es inútil.”

“Lo qué Satanás le está robando”

En la oficina de Edmunds se escucha, desde el fondo del pasillo, los gritos de una bebé. Tiene hambre y está desacostumbrándose a los medicamento de desintoxicación. Los bebés que son admitidos en Lily’s Place se desintoxican con la ayuda de medicamentos, a veces metadona, un opioide recetado que se administra en dosis cada vez más pequeñas. Su madre no está en la habitación pero eso no es inusual porque actualmente la instalación solo está preparada para albergar a los bebés como pacientes; de la misma manera que muchos hospitales administran sus UCIN. Las mamás que no viven cerca pueden llamar para saber de sus hijos o pueden pasar durante el horario de visitas. Caitlin admitió que llamaba casi cada 20 minutos los días en que no podía hacer el viaje de 40 minutos hasta Huntington. Uno de los objetivos de este centro es crear unidades para madres y sus bebés, para también ayudar a las madres que estén en recuperación.

“Esa es una de las cosas más difíciles, ver a una madre que ama a su bebé y sin embargo no puede dejar de usar”, dijo Edmunds. “Recuerdo a una joven con su tercer o cuarto bebé que una vez más estaba perdiendo la custodia de su pequeña por sus problemas de adicción. Se sentaba al lado de la cama de su bebé y solo la miraba. Pensé en lo terrible que era para ella, lo mal que seguramente se sentía. El solo hecho de verla abrazando [a su bebé], fue desbastador.

“Y pensar en lo qué Satanás le está robando.”

Angela Davis, la trabajadora social de Lily’s Place, trabaja directamente con las madres de recién nacidos. Ella ha estado allí desde el principio y ha escuchado muchas, muchas historias trágicas de las madres, muchas de las cuales simplemente le parecen egoístas al mundo exterior por haber elegido drogarse en lugar de cuidar a sus hijos en el vientre.

Es fácil reducirlo a una simple opción, pero Davis señala que generalmente la decisión está arraigada en algún trauma inconcebible. Por ejemplo, una madre cuya propia madre la sacó de la escuela a los 9 años para prostituirla en las calles. O la joven llena de cicatrices de las quemaduras de cigarrillos, cuyos propios padres le rompieron la cadera y la dejaron así [sin darle atención médica]. Y luego están las mujeres como Caitlin que comenzaron a consumir drogas en compañía de un ser querido (su madre la ayudó a drogarse).

Algunas de estas mamás luchan por limpiarse, dijo Davis, porque luego tienen que lidiar con el horror que intentaban olvidar. Aún así, Davis ora y les impulsa hacia la sobriedad, tratando de asegurar el mejor resultado posible tanto para la madre como para su hijo.

“He llorado por muchas de ellas. Me preocupo por todas ellas”, dijo Davis entre lágrimas. “El otro día vimos a una y la abracé, la besé y le di mi número de teléfono celular. Le dije: ‘Por favor, llámeme’. Puede que nunca lo haga, pero oro para que así sea.”

“Están perdidas, destrozadas y no saben a dónde acudir, y muchas veces las familias de las que provienen no son buen sistema de apoyo”, compartió Alicia Christian, una instructora de recuperación de Lily’s Place y directora del programa The Ark, una albergue cristiano para mujeres que quieren vivir sobrias en Huntington. “Esa es la triste realidad.

“Sus padres aún están usando, por lo que no tienen ningún lugar. La gente a la que se supone que deben acudir en busca de asesoramiento y orientación están igual, y tal vez peor.”

Lily’s Place, que se centra en el cuidado de bebés y familias, puede recibir hasta 15 bebés a la vez y algún día esperan recibir a bebés de Kentucky y Ohio. “Aquí vemos milagros todos los días”, dijo la directora ejecutiva, Rebecca Crowder. “Para mí, ver a una madre que estaba totalmente destrozada y en un mes verla salir de aquí con un bebé estable, eso es un milagro. Es un milagro.”

Davis, con 19 años en recuperación, le gusta decir que debemos amarlas durante este proceso; mientras que el dicho favorito de Christian es ‘queremos que nuestro amor te devuelva la vida’. Pero no importa cómo lo expreses, solo basta con demostrarles tu amor sin prejuicios a estas madres. Una madre, como tantas otras con las que Davis ha trabajado, todavía se mantiene en contacto. Ella le dice ‘mamá’a Davis.

“La primera vez que la vi, le dije: ‘Te amo’. Ella preguntó: ‘¿Por qué?’. Le conteste: ‘Porque eres una de las mías’”. Y ella dijo: “No lo creo,”. “Le dije, ‘ya verás.’”

Cuando el bebé de la joven fue dado de alta de Lily´s Place, la joven sobria, lista para ser madre, abrazó a Davis y le dijo: “Te amo.”

“¿Por qué?”, la presión Davis con delicadeza.

“Porque me amaste primero.”

“Yo pelearía por ella”

Las recaídas no son raras pero Caitlin trata de mantenerse lejos de las malas influencias en su ciudad tan singular. Ella asiste fielmente a esa misma pequeña iglesia que continuamente le brinda apoyo. Ella no responde a los mensajes de Facebook de ciertas personas. Y se aferra fuertemente a aquellos amigos que anclan su fe y su determinación, como una amiga de la infancia que ama a Jesús y que fue criada por su abuela. Ella no se olvida del apoyo que aún recibe de Lily’s Place.

Todos los días le dice dos cosas a su hija recién nacida: Jesús te ama. Yo te amo.

Cómo orar por las madres:

“Que se den cuenta de que Dios realmente puede ayudarlas a convertirse en las madres que sus bebés deben tener. Él es el que puede sanarlas de todo esto. Él es el Sanador Todopoderoso.”
—Angela Davis, trabajadora social

“Ora para que sea lo que sea necesario…al fin y al cabo, el velo que estas chicas tienen sobre sus ojos sea quitado y encuentren a Dios.”
—Alicia Christian, instructora de recuperación

“Estoy orgullosa de Caitlin por lo que ha hecho, pero es probable que siempre haya un poco de duda en mí porque ella no habla conmigo de esas cosas”, dijo Deborah. “Ella sabe que no estoy de acuerdo con eso. Pero creo que estará bien.

Ella sabe que si recae, esta pequeña bebé, ella no tendrá esta pequeña porque yo pelearía por ella.”

De la misma forma en que una vez luchó por Caitlin. Ese recordatorio lleva a Caitlin a cecarse los ojos.

“Estoy eternamente agradecida por ella,” dijo Caitlin, asintiendo con la cabeza en dirección a su Mawmaw. “Nunca podré pagarle por lo que ha hecho por mí. Sin duda, ella es lo mejor que me ha pasado [a mí y a mis hermanos].”

“Ella es la roca que nos une a todos. Creo que a veces ella no se da cuenta de eso.”

Pero en lo que respecta a Caitlin, el uso generacional de drogas termina con ella. A veces se pregunta con temor cómo sus malas decisiones afectarán el futuro de Ellie, pero confía en que Dios se encargará de eso. También es firme en lo que respecta a su relación con su madre, quien ha vuelto a aparecer en su vida.

“Lo siento, ya no se trata de mí,” dijo Caitlin. “No se trata solamente de lo que afecta mi vida. También le afecta a ella, y yo soy la única que tiene control sobre el tipo de persona que hay en su vida. Soy su defensora. “No voy a ponerla en una posición en la que ella podría estar o terminar en la misma posición que yo.”

“Creo, al mirar a Ellie, y me niego a que alguna vez se sienta así; sé que las cosas no funcionan a mi manera” dijo Caitlin. “El ciclo tiene que terminar en alguna parte.”

Confíale a Dios tu futuro. Encuentra hoy la paz en él.

 

Este artículo es el tercero de una serie en curso sobre la crisis de los opioides. Lee las dos primeras partes: La epidemia de opiáceos es ‘problema de todos los cristianos’ y “Ella le pertenece a Jesús”: luchando por los seres queridos que superan la adicción a los opiáceos.”

Este artículo fue traducido por Martha Barnes.

¿Por qué es tan importante la fe en Jesús en el camino diario hacia la recuperación? La instructora de recuperación, Alicia Christian, quien continua en su propia jornada, lo expresa de una manera simple: “Al fin y al cabo, puedes tener la recuperación que quieras pero sin Dios, no te va a durar.”