Cómo estar seguro de tu salvación

Por   •   January 22, 2015

El mundo está envuelto en una batalla entre el bien y el mal. Tenemos la tendencia a centrarnos en las acciones buenas y malas de la raza humana, pero la Biblia dice que el corazón del hombre es perverso. Entonces, ¿qué esperanza tenemos para un cambio? Esta es la pregunta que atormenta a la humanidad.

Nunca olvidaré que hace unos años, mientras cruzaba un campus universitario para dar una conferencia, un estudiante de segundo año se me acercó y dijo: “Sr. Graham, no nos defraudará, ¿verdad?” Me quedé perplejo; así que le pregunté a qué se refería. Me explicó: “Por favor, díganos cómo encontrar a Dios. Eso es lo que necesitamos”.

Cuando estaba dando una charla en otra universidad, un estudiante me dijo: “Sr. Graham, escuchamos mucho acerca de lo que Cristo ha hecho por nosotros, el valor de la religión, y lo que es la salvación personal. Pero nadie nos dice cómo encontrar a Cristo”.

El lamento de este honesto estudiante se convirtió en un grave problema para mí. Desde entonces, en cada sermón ante estudiantes universitarios, he tratado de compartirles, de manera sencilla y simple, cómo encontrar a Cristo.

La Biblia enseña que Dios diseñó el plan de redención de forma tan clara que cualquier persona pueda ser salva. Me gustaría decirte, de manera muy sencilla, cómo encontrar a Jesucristo y estar seguro de la salvación.

En primer lugar, debes reconocer tu necesidad.

Tú nunca te encontrarás cara a cara con Cristo a menos que estés convencido de que lo necesita. Si te sientes autosuficiente, capaz de enfrenta la vida con tus propias fuerzas, entonces es probable que nunca le encuentres. Una lectura de los Evangelios revela que Jesús no se impuso sobre los que se sentían autosuficientes, justos y seguros de sí mismos.

Pero él se desvió de su camino para abrir los ojos del ciego Bartimeo, que clamaba: “Jesús, ten misericordia de mí”. Se apresuró a dar el agua de vida a la mujer samaritana que dijo: “Dame esta agua, para que no tenga sed”. Y fue de inmediato junto a Pedro, que se hundía y clamaba: “Señor, sálvame”.

Tienes que reconocer tu propia pecaminosidad y necesidad espiritual antes de que Cristo responda. Él no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores, al arrepentimiento.

Muchas promesas divinas tienen de una condición humana: “A todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). “Pero si andamos en la luz… la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado…. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1: 7, 9).

En segundo lugar, debes entender la cruz.

Esto suena casi imposible, ya que incluso los más grandes teólogos nunca han entendido los misterios de la cruz. La Biblia dice que el hombre natural no puede comprender las cosas de Dios, así que, ¿cómo puede una persona entender la cruz antes de que encuentre la seguridad cristiana? 

Muchos intelectuales han inventado teorías de por qué Cristo murió y cuál es el significado eterno de su muerte. Ninguna de las teorías parece satisfacernos. Sólo cuando entendemos que Cristo murió en lugar de los pecadores, a causa del pecado, es que nos encontramos con elementos satisfactorios. Sin embargo, ¿cómo podemos entenderlo?

Es aquí donde radica el milagro: como Pedro, por revelación divina, dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16); así también tú, por medio del Espíritu Santo,  milagrosamente recibirás el significado de la cruz.

Recuerdo a un joven reportero en Glasgow que asistió a las reuniones en Kelvin Hall como parte de su pauta. Oyó el evangelio noche tras noche, pero no parecía tener ningún impacto sobre él. Sin embargo, un día, cuando uno de sus compañeros le preguntó: “¿Qué están predicando allí abajo?” trató de explicar el evangelio, y al hacerlo, dijo: “Es así, vez: Cristo murió por mí… Cristo murió por mis pecados…” Y al decir eso, ¡se dio cuenta de que era verdad! El pleno significado de esas palabras se manifestó milagrosamente sobre él, y allí mismo recibió la seguridad de la salvación.

¡Cuán lucida y potente se torna la cruz cuando Pablo habla de ella! “Pero con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). Cuando veas al Hijo de Dios, alto y sublime, herido, desfigurado, magullado, muriendo por ti, podrás decir junto con Pablo, “el cual me amó y se entregó por mí”, y sabrás que has dado el segundo paso hacia la seguridad cristiana.

En tercer lugar, debes calcular el costo.

Jesús desalentó el entusiasmo superficial. Instó a la gente a considerar también el costo de ser un discípulo. Muchas veces, cuando grandes multitudes le seguían, se volvía y decía “¿Has contado el costo? ¿Te das cuenta de que si alguno quiere venir en pos de mí, tendrá que negarse a sí mismo, tomar su cruz, y seguirme?”

También dijo: “Porque, ¿quién de ustedes que quiera levantar una torre, no se sienta primero a calcular los costos, para ver si tiene todo lo que necesita para terminarla? … Así también, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo que tiene, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:28, 33).”

Mucha gente viene a Cristo sin antes contar el costo. El costo incluye el arrepentimiento, el abandono del pecado, un continuo y abierto reconocimiento de Cristo en tu vida. Estos son los requisitos mínimos del discipulado. La vida cristiana no es para los débiles, los tibios o los cobardes. Sin embargo, vale la pena todo lo que cuesta. Pronto te darás cuenta que la cruz no es mayor que su gracia. Al tomar la cruz de la impopularidad, en la escuela o dondequiera que te encuentres, te darás cuenta de que la gracia de Dios está allí, y es más que suficiente para saciar todas tus necesidades.

En cuarto lugar, debes dar un paso definitivo.

Un día en la Universidad de Stanford, un estudiante de una fe no cristiana vino y me dijo que estaba convencido de que Jesús es el Hijo de Dios, pero que no lo podía confesarlo públicamente. Manifestó que, de regreso a su país, el costo social sería demasiado grande.
Tuve que decirle lo que la Biblia establece: “A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 10: 32-33).

Al igual que el joven rico de la antigüedad, el estudiante se fue triste. Había calculado el costo y no estaba en condiciones de pagar el precio por el reconocimiento abierto de Jesucristo como su Salvador.

En nuestras reuniones, pedimos a la gente que haga una confesión pública de Cristo, porque él exigió un compromiso definitivo. Cristo tenía razones para exigir que las personas le siguieran abiertamente. Sabía que un voto sin testigos no es un voto en absoluto. Hasta que no te hayas rendido a Cristo, por un acto definitivo de tu voluntad, no eres cristiano.

¿Has dado este paso definitivo? La Biblia dice: “Pero a todos los que le recibieron,
a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

En quinto lugar, debes permitir que Dios cambie tu vida.

Al venir a Cristo se te considera un bebé espiritual. Cuando leas el Nuevo Testamento verás cómo los primeros discípulos, en sus primeros días de seguir a Cristo, vacilaron y a menudo fracasaron. Se pelearon, eran envidiosos y contenciosos, fueron infieles, y frecuentemente se airaron. Sin embargo, conforme se vaciaron de sí mismos y fueron llenos de Cristo, crecieron en la plenitud de la estatura de un cristiano.

La conversión es sólo el comienzo. Una nueva vida comienza en el momento en que tú recibes a Cristo y el Espíritu Santo establecer su residencia. Durante el resto de tu vida, él estará ocupado conformándote a la imagen de su Hijo, el Señor Jesucristo.

Sin embargo, serás un blanco de Satanás, el enemigo de Cristo. Cuando seguías el camino de Satanás en el mundo, él no se preocupaba mucho en molestarte. Porque le pertenecías; tú eras su hijo. Pero ahora que has recibido a Cristo y eres hijo de Dios, Satanás usará todas sus técnicas diabólicas para frustrarte, estorbarte y derrotarte.

Si eres fiel en asistir a la iglesia, la oración, la lectura de la Biblia, y el testimonio, Cristo obrará en ti y a través de ti. Podrás decir al igual que Pablo: “¡Todo lo puedo en Cristo que me fortalece!” (Filipenses 4:13). Notarás los milagros que suceden a tu alrededor, conforme disciplines tu vida según el patrón de un verdadero cristiano.

¿No te gustaría saber que todo tu pecado es perdono? ¿No te gustaría saber que estás listo para encontrarte con Dios? Podría suceder hoy mismo, si deja que Cristo entre en tu corazón. Invítalo en estos momentos. La Biblia dice: “Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Romanos 10:13).

© AEBG

Deja un comentario

Your email address will not be published but you will receive our next BGEA ministry update. You can opt out of future emails at any time.

12 Comments

  1. sandra cedeño says:

    Quiero reconciliarme con Christo.

  2. JoAnn says:

    Dios te bendiga Juana, no importa cuantas veces tu falles sino mas bien cuantas veces el Señor te levante, siga pidiendole al Señor que la ayude y veras su maravillosas manos obra a su favor. Que el Señor Jesus me la bendiga y me la guarde en su Santo seno. Amen.